Una norma internacional para entendernos mejor: la ISO 24495-1 sobre lenguaje claro
En este espacio comparto reflexiones y experiencias sobre la Comunicación Clara, con un enfoque práctico.
1/20/20264 min read
En agosto de 2023, la Organización Internacional de Normalización (ISO) publicó la ISO 24495-1:2023, adoptada y traducida al español como UNE-ISO 24495-1:2024. Este hito aspira a marcar un antes y un después en la manera en que instituciones, empresas y profesionales de la comunicación redactan sus mensajes. Esta norma establece criterios consensuados internacionalmente para garantizar que los textos sean comprensibles, útiles y accesibles para las personas a quienes van dirigidos. Esta norma no es un simple manual de estilo: es un paso firme hacia el reconocimiento del derecho a entender como parte de la vida cívica y social. Y esto no termina aquí. Ya están en marcha los trabajos para las partes 2 y 3 de esta norma, que se centrarán en el lenguaje claro aplicado a los textos jurídico-legales y a los contenidos científico-académicos, respectivamente. Su desarrollo promete consolidar aún más la importancia de comunicar con claridad en todos los sectores clave de la sociedad.
En este contexto, este blog nace con una intención clara: desgranar los principios rectores y las directrices establecidos por la norma ISO sobre lenguaje claro, y sobre todo, explicar cómo aplicarlos en la práctica. Más allá de divulgar sobre lo que dice el texto normativo, cada publicación de este blog irá acompañada de referencias a evidencias empíricas que respalden cada recomendación. Mi objetivo es mostrar cómo se concretan estas ideas generales en decisiones comunicativas diarias: cómo elegir palabras, estructurar frases, organizar la información y diseñar documentos que funcionen para sus lectores reales. Mi propósito es tender puentes entre los estándares internacionales, la investigación empírica sobre lenguaje y las necesidades cotidianas de quienes redactan, editan o traducen.
Principios y directrices: claridad desde varias disciplinas
La ISO 24495-1 establece cuatro principios rectores que guían toda la escritura en lenguaje claro:
El texto debe ser relevante para su público objetivo.
La información debe ser localizable, es decir, fácil de encontrar.
El contenido debe ser comprensible, sin ambigüedades ni complejidad innecesaria.
La información debe ser utilizable, permitiendo que el lector actúe o tome decisiones a partir de ella.
No obstante, lo realmente beneficioso es cómo estos principios se pueden abordar desde distintas disciplinas que, aunque a menudo trabajan por separado, aquí se alinean en torno a un objetivo común.
Desde la pragmática, el principio de relevancia se puede entender como la necesidad de adecuar el contenido a las expectativas y necesidades del lector. La noción de pertinencia es fundamental: no se trata de decirlo todo, sino de decir lo necesario. Aquí, conceptos como la inferencia, el contexto o la economía del lenguaje son claves.
Desde la experiencia de usuario (UX design), la idea de que la información sea localizable conecta con nociones como la arquitectura de la información, la jerarquía visual y la navegación intuitiva. Un texto claro no solo se lee: se explora, se escanea, se recorre con la vista. La legibilidad no es solo textual, sino también visual y estructural.
La psicolingüística, por su parte, aporta numerosas evidencias sobre cómo las personas procesamos el lenguaje. Sabemos, por ejemplo, que las frases cortas y activas, el uso de palabras frecuentes y el orden lógico de la información favorecen la comprensión. Además, cuando un mensaje es claro, actúa como un estímulo perlocutivo: nos invita a hacer algo. Esa es la base del principio de usabilidad: que el lector pueda actuar sobre la información, ya sea rellenar un formulario, tomar una decisión médica o ejercer un derecho.
A su vez, estos principios se concretan en una serie de directrices, que vienen a ser indicaciones sobre el contexto comunicativo (a quién va dirigido) y el género discursivo (qué contenido se incluye y cómo se estructura), así como las características morfosintácticas y lexicosemánticas que debe tener un texto claro (oraciones sencillas, palabras familiares, etc.). Sin embargo, para alguien que empiece en esto del lenguaje claro —y que no tiene por qué estar formado en cuestiones lingüísticas para —
Estas disciplinas no son solo fuentes de inspiración. Son herramientas prácticas que ayudan a convertir los principios generales de la ISO en pautas operativas, medibles y evaluables. Por ejemplo: ¿cómo se plasma en el papel el principio de “hacer que la información sea comprensible”? Llevado a la práctica, esto se traduce en evitar estructuras gramaticales complejas, limitar las oraciones subordinadas, emplear ejemplos y esquemas, o usar formatos visuales como tablas o listas.
ISO 24495-1: más que una norma, una oportunidad
La existencia de una norma ISO sobre lenguaje claro tiene implicaciones profundas tanto en el sector público como en el privado. Para las administraciones públicas, abre la puerta a una mayor transparencia, eficiencia y equidad: los trámites se simplifican, se reduce la carga administrativa y se mejora el acceso a derechos. Para las empresas, supone una ventaja competitiva: clientes mejor informados toman decisiones más acertadas, disminuyen los errores y se refuerza la confianza en la marca.
Pero quizá lo más relevante sea el cambio de mentalidad que implica. La ISO 24495-1 nos recuerda que escribir con claridad no es una cuestión de estilo, sino de responsabilidad comunicativa. En muchas ocasiones, esto puede suponer un cambio en la cultura de las organizaciones. Puede suponer modificar hábitos muy arraigados, colocar el foco en el receptor en vez de en el emisor, y revisar procedimientos heredados. Pero los beneficios que reporta la comunicación clara ganan de lejos a los reajustes que puede suponer su implementación.
Con todo, hablar claro es tratar con respeto a quien nos lee. Y para hacerlo bien, no basta con buenas intenciones. Necesitamos instrumentos basados en evidencias lingüísticas, necesitamos criterios que podamos aplicar, medir y mejorar. Ahí está el desafío, y también la oportunidad. En las próximas entradas de este blog iremos analizando cada uno de los principios y directrices de la ISO 24495-1 con ejemplos, investigaciones y propuestas prácticas. Porque la claridad no es solo deseable: es posible. Y ya tenemos una norma internacional que nos ayuda a lograrla.
